Necesitamos a los demás para ser felices

Como ya dijo Aristóteles, el ser humano es un animal social y necesita de otras personas para ser feliz. La incapacidad del ser humano para ser feliz sólo parece derivar de otra realidad fundamental: que la evolución nos ha diseñado de tal forma que no podemos sentirnos bien sin expresar y compartir nuestras emociones. Esto explicaría el éxito y proliferación de redes sociales por Internet.

La más bella experiencia puede convertirse en un suplicio si la vivimos en soledad. Sentirse solo puede llegar a ser algo extremadamente negativo, una experiencia límite. Además de la soledad esencial que es aquella en la que la persona carece de relaciones sociales, los existencialistas hablan de una soledad existencial, propia de la persona cuya vida carece de significado.

A lo largo del siglo XX , la soledad fue llamada con insistencia el mal del siglo y continua hasta ahora. Recientes investigaciones han demostrado que la soledad es una de las principales causas de infelicidad y, aunque no constituye en sí misma un trastorno, va asociada a sentimientos de infelicidad en el que podían distinguirse descontento y ansiedad que frecuentemente desembocaban en depresión.

Es importante señalar que no es lo mismo estar solo que sentirse solo. Lo primero es un estado objetivo, e implica aislamiento físico de los demás. Por el contrario, sentirse solo tiene una relación con nuestro bienestar, implica hallarse inmerso en una experiencia subjetiva en la que se experimenta un aislamiento psicológico. Tanto es posible pasar un día solo sin sentir soledad e incluso ser una situación deseada, como estar rodeado de personas y sentirse completamente solo.

La forma de afrontar la soledad depende en gran medida de los factores a los que la persona atribuye su infelicidad, ya que los que atribuyen su soledad a las propias deficiencias es más probable que se sientan más infelices que los que ven su situación como temporal o modificable.

La soledad es un buen lugar para encontrarse, pero uno muy malo para quedarse.

Los periodos de soledad forman parte inherente de nuestra experiencia vital, pero una vez más, nuestros pensamientos y creencias forman una parte fundamental en cómo afrontamos la situación. La soledad puede ser una gran oportunidad para reflexionar sobre nosotrxs mismxs y emprender estrategias provechosas y adaptativas: centrarse en alguna afición, estudiar, hacer ejercicio, buscar contacto social en actividades colectivas, participar en actividades altruistas, etc.

Como otros aspectos de nuestra experiencia vital, la soledad no es negativa en sí misma: puede ser un motor de motivación para el crecimiento personal y la renovación de nuestras metas, pensamientos y objetivos.