El sendero del feedback

Mientras preparaba una sesión de formación sobre la importancia de un feedback auténtico y su impacto –tanto en el desarrollo de los colaboradores como en el nuestro propio y en los resultados del equipo–, me acordé de un proverbio que leí hace tiempo, aunque no recuerdo dónde:

–‘’Recorre con asiduidad la senda que te lleva a casa de tus seres queridos; si no, quizás cuando quieras encontrarla esté cubierta de maleza y te resulte muy difícil, si no imposible’’.

La maleza, en las relaciones, suele adoptar muchas formas: rumores, malentendidos, prejuicios, interpretaciones condicionadas, la sensación de no importar o pensamientos del tipo ‘’Mientras haga su trabajo, no hace falta decir nada; solo hablaré si algo va mal’’.

El feedback es una herramienta esencial para cuidar las relaciones humanas, tanto en el ámbito personal como profesional. Cuando las personas dejan de hablar —o no lo hacen con sinceridad, claridad y autenticidad— aparecen interpretaciones, suposiciones y distancias emocionales que erosionan lentamente los vínculos. El feedback no consiste únicamente en corregir errores o reconocer aciertos; también sirve para mantener viva la comunicación y evitar que el silencio y la distancia permitan que germinen malas hierbas que dificulten recorrer el camino… o incluso encontrarlo.

Dependiendo de la frecuencia con la que recorramos ese sendero, estará más o menos despejado y necesitaremos menos esfuerzo para volver a transitarlo. Además, existen muchas maneras de recorrerlo y de adaptar tanto la frecuencia como la forma en que lo hacemos:

– Mantener conversaciones periódicas one–to–one.
– Realizar conversaciones de mejora de manera regular.
– Hacer retrospectivas de equipo.
– Reconocer logros y comportamientos positivos en el día a día.
– Generar espacios psicológicamente seguros donde las personas puedan expresarse con honestidad.

Dar feedback es, en definitiva, como limpiar el sendero antes de que desaparezca. Una conversación honesta a tiempo evita interpretaciones equivocadas, aclara intenciones y fortalece la confianza mutua. Porque las relaciones rara vez se rompen de golpe; muchas veces simplemente se abandonan hasta que la maleza impide reconocer el camino de regreso.

¿Con qué frecuencia recorres el camino con los miembros de tu equipo?

por Lino Pazó