Indagando en uno mismo

Flow: un estado rentable

En 2010, Harter y sus colegas examinaron los datos longitudinales recopilados por la encuesta de Gallup, datos recogidos de más de 2000 unidades negocios, casi 142,000 empleados, desde tiendas minoristas hasta plantas de fabricación, desde hospitales hasta oficinas de ventas. Descubrieron que las actitudes y el compromiso de los empleados tenían una relación causal con la lealtad del cliente, la retención de los empleados, las ventas y las ganancias. Además, entre las 12 preguntas del cuestionario de actitud y compromiso de los empleados, la pregunta Nº 3 [En el trabajo, tengo la oportunidad de dar lo mejor cada día?]  era la que tenía mayor impacto en las finanzas.

Tener la oportunidad de dar lo mejor de uno mismo cada día en el trabajo tiene mucho que ver con el estado de flow, que surge cuando estamos tan implicados en algo que el tiempo pasa volando. En este estado mental disfrutamos con lo que hacemos y cualquier dificultad que se presente es un reto que podemos superar.

Mihaly Csikszentmihalyi estudió el estado de flow en una amplia variedad de ocupaciones, desde artistas y jugadores de ajedrez hasta líderes empresariales, y desde personas comunes hasta la élite de las más complejas disciplinas. En su investigación descubrió que este estado es un predictor claro del rendimiento y en él es donde desarrollamos nuestro máximo potencial. El flow impulsa a las personas hacia la creatividad y los logros sobresalientes, es la clave para vivir una vida significativa. Csikszentmihalyi definió el flow como el estado en el cual las personas están tan intensamente involucradas en una actividad que nada más parece importar; la experiencia en sí misma es tan agradable que la gente lo hará incluso a un gran costo, por el mero hecho de hacerlo.

Para sorpresa de muchos, es más fácil alcanzar este estado en el trabajo que en otro tipo de actividades, sobre todo si se dan las condiciones adecuadas. No podemos forzarnos a entrar en ese estado, y mucho menos forzar a los demás, pero como líderes de un equipo sí que podemos generar las condiciones adecuadas para que se dé con más frecuencia e intensidad, un entorno más favorable a que las personas quieran y puedan dar lo mejor de sí mismas.

¿Cómo hacerlo? Bien, hay varios puntos clave: primero, es importante definir objetivos claros. En segundo lugar, debemos proporcionar feedback constructivo, inmediato, continuo y de forma respetuosa. Y por último, tenemos que establecer retos equilibrados respecto a las capacidades de los miembros de nuestro equipo.

La regla de oro es el equilibrio entre los retos y las habilidades percibidas. Esto significa que debemos desarrollar las capacidades de los miembros de nuestro equipo para poder alcanzar objetivos más ambiciosos, pero no basta con eso, debemos entender cómo ellos las perciben y ayudarles a que se sientan capaces, a darles confianza, a apoyar que lo intenten y que salgan de su zona de comfort, a aprender constante y conjuntamente.

Para hacerlo, debemos aprender a cuidar de nosotros mismos, desarrollar nuestras habilidades de liderazgo, manejar las emociones de forma adecuada, algo que es más fácil de hacer cuando evolucionamos de jefe a líder, de ello depende nuestra rentabilidad.

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